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La soberanía tecnológica en Somos Conexión: herramientas para no depender de las grandes empresas tecnológicas

  • Som Connexió

«Soberanía tecnológica»… qué concepto más complejo. Seguro que es de esas terminologías que utilizan en los campus universitarios cuatro matados con ínfulas de intelectual. Da pereza sólo de pensar en ello.

O quizás no. Quizá la cosa sea más seria de lo que pensamos. Quizás si que nos afecta.

Porque debido a la soberanía tecnológica, o más bien a la falta de ella, en los últimos tiempos hemos visto tambalearse algunas democracias a base de fake news, hemos visto nuestros derechos laborales reducidos debido a los algoritmos… y si viajamos un poco más lejos, hemos visto a minorías perseguidas debido a la propoagación de discursos de odio.

Por eso, cuando hablamos de soberanía tecnológica, no, no hablamos de algo que sólo afecta a cuatro hackers.

Hablamos de una batalla cultural con implicaciones muy directas en nuestro día a día.

Pero vayamos un paso atrás e intentemos entender el concepto un poco mejor.

¿Qué es la soberanía tecnológica?

David Jacovkis de SomNúvol hablaba en la primera Escuela de Somos Conexión como un «concepto político»: si la soberanía es “la condición de no estar sometidas a otros”, la soberanía tecnológica es la “calidad de hacer uso de una tecnología sin depender de otras personas”, y sobre todo de las grandes corporaciones y plataformas, que la usan con un fin lucrativo y de control.

En la misma charla también estaba Marga Padilla, programadora de ordenadores en la Cooperativa Dabne, que nos hizo pensar en el «poder».

Ella señala que debemos hablar de quien “tiene el poder de decisión sobre las tecnologías”. De quien controla el «desarrollo, el uso, el acceso a éstas y su distribución», así como «la oferta, el consumo, su prestigio y su capacidad de fascinarnos»: las grandes industrias tecnológicas. Industrias que, como tienen ánimo de lucro, “nunca pueden representar el bien común”.

No sólo debemos ir en contra lo que representan estas corporaciones, dice Marga Padilla. También deberíamos ir en contra de la lógica que nos han hecho interiorizar. Es decir, “la labor no consiste sólo en tener alternativas tecnológicas.

“Se trata, principalmente, de desaprender”, dice.

De cuestionar los hábitos que hemos adquirido contaminados por la entrada masiva de pantallas en nuestras vidas y preguntarnos: realmente, “¿Qué tipo de comunicación necesitamos?” «¿Qué ocio digital queremos disfrutar?» «¿Qué prácticas de teletrabajo utilizaremos?» «¿Qué inteligencia artificial necesitamos?».

La soberanía tecnológica es, por tanto, un posicionamiento. Una decisión de encontrar métodos, vías, caminos distintos. De encontrar (o crear) otras herramientas.

Y es necesario, pues, reapropiarnos de este poder para no depender de quien lo ostenta ahora mismo. Tomar el control de la imaginación, creación, uso y distribución de las tecnologías.

Crear herramientas entre todas…

El software (los programas informáticos, la parte no física o material de la tecnología) puede tener un papel clave en esta transformación. Por eso cuando hablamos de la soberanía tecnológica, el concepto «software libre» va muy ligado.

Joan Caballero, del equipo de sistemas de Somos Conexión, afirma que hay que “darle la vuelta a la forma en que se entiende el software en el mundo corporativo capitalista”. Que debemos ser capaces de construir otra idea del software.

Ver el software no como una ventaja que nos permite competir con otras empresas, sino cómo una herramienta que, una vez creada, se pueda compartir. Poner el software al servicio de la sociedad, de otros colectivos o personas que puedan utilizarlos. Algo parecido a “un molino comunal”, pone de ejemplo Caballero: que cubra las necesidades del proyecto que lidera su desarrollo y que a la vez pueda servir para reducir las barreras de entrada a iniciativas que comienzan.

Esta mirada no condiciona sólo la distribución, sino que debe atravesar todos los puntos del proceso, condicionando mucho la forma en cómo se produce. ¿Cómo?:

  • Haciéndolo con código abierto. No debe esconderse, porque no estamos compitiendo.
  • Debe estar pensado para poder ser utilizado por otros entidades, colectivos, empresas.
  • Por esto último, lo mejor es crearlo de forma mancomunada, colaborativa. Hecho que «no sólo ahorra costes, sino que enriquece la herramienta y el proceso», comenta Caballero. Y así construimos un software más útil y resiliente.
  • Con el ojo puesto también en ofrecer un mejor servicio, y en mejorar las condiciones de las trabajadoras.

Pero además, afirma Marga Padilla, es imprescindible «abrir la caja negra del software libre» para que todas lo podamos entender. Hacer más accesible el lenguaje hacker y más sencillo y amable al uso. El software libre es, al fin y al cabo, una licencia. «Y es esa licencia la que permite que el conocimiento del código sea compartido y público”, dice.

Pero conocer el código, siendo necesario “no es suficiente”. ¿Por qué? Porque es un conocimiento experto. Y la soberanía es un hecho social en el que intervienen otros tipos de conocimiento que deberíamos “poner al mismo nivel, sin jerarquías”.

…y para todas

La comunidad es una parte muy importante en esta mirada que proponemos quienes apostamos por la soberanía tecnológica. Marga Padilla, en el prólogo del libro colectivo Soberanía Tecnológica, Volumen 2, explica que sea quien sea quien las produce, «todas las tecnologías se desarrollan en comunidad».

Porque nadie construye un programa «en solitario»: es una tarea tan compleja que «sencillamente, resulta imposible» hacerlo sola o solo.

Por tanto, en la lucha para reivindicar la soberanía tecnológica “la cosa va de comunidades”.

Pensamos en alguien que desarrolla una aplicación en código libre. Para crearla utilizará todo el conocimiento acumulado por otros. Y durante el proceso, seguramente hará algún descubrimiento o aprenderá algo nuevo. Esto es conocimiento que sumará a la inteligencia colectiva, que devolverá al común, para que así otros puedan seguir creando nuevas y mejores herramientas.

Es decir, el conocimiento, con la cooperación, se multiplica, sostiene Marga Padilla.

Y en cambio, cuando el conocimiento se privatiza, «se mata a la comunidad».

Las corporaciones tecnológicas se aprovechan de esa inteligencia colectiva para enriquecerse, e intentan acabar con el sentir de comunidad. ¿Cómo? Se aprovechan de los saberes colectivos pero no hacen el retorno: se le quedan y lo venden.

Además, nos están constantemente tentando con nuevas herramientas y productos (aplicaciones, plataformas, etc), sacando un beneficio económico y convirtiéndonos en consumidoras individualizadas.

Y por eso es clave resistir a la «sumisión» tecnológica de las industrias que se aprovechan y fragmentan las comunidades.

Padilla propone algunas ideas para esta “autodefensa” frente a las grandes tecnológicas, y para ganar soberanía:

  • que la comodidad en el uso no pase por delante de la ética: no siempre lo más cómodo es lo mejor. Un ejemplo: scroll infinito es muy cómodo para el usuario, pero se ha demostrado que es un mecanismo que genera adicción. Por tanto, no es ético.
  • no quererlo todo gratis. A veces lo gratuito significa que lo pagamos entre todas, y es positivo. Pero a veces va en detrimento de nuestra soberanía y autonomía (y a veces también del bienestar social y ambiental): son sólo trampas para captarnos y obtener lucro por otras vías.

¿Qué herramientas utilizamos en Somos Conexión?

En Somos Conexión es central el posicionamiento a favor de la soberanía tecnológica. Pero seguramente no os hemos explicado cómo lo hacemos de forma concreta.

Hoy queremos acercaros un poco más a cómo trabajamos y qué plataformas y programas de software libre utilizamos.

Echa un vistazo, seguro que encontrarás alguna que te es útil:

  • Odoo: nuestro sistema ERP (software de gestión empresarial)
  • Nextcloud: una nube hecha con software libre. Es decir, un espacio virtual online y libre, para el almacenamiento y la gestión de documentos.
  • Meet.coop: herramienta de videoconferencia para reuniones, talleres y encuentros virtuales.gestionado por una coalición global de cooperativas y creado por BigBlueButton, software de aulas virtuales.
  • Decidim: software que utilizamos para la gestión democrática de la gobernanza de la cooperativa.
  • Peertube: plataforma de streaming federada, alternativa a las grandes plataformas de vídeo.
  • Plausible: para el análisis de las visitas y funcionalidad de nuestra web. Para saber si lo estamos haciendo bien, si estamos consiguiendo que nuestro mensaje os llegue.
  • Mastodon: red social similar a twitter, pero que no pone el foco en la visibilidad o viralización de ciertos mensajes, sino en la creación de comunidades online agrupadas por temáticas.
  • Superset: para visualizar nuestros datos

Intercooperar, mancomunar y colaborar

Como ya podrás adivinar, nuestro trabajo y las herramientas que utilizamos pasan por una apuesta colectiva: lo hacemos intercooperando al  crear y adaptar el software, y mancomunando después su uso.

Nos abastecemos de y trabajamos con colectivos y cooperativas que comparten nuestra perspectiva de lo común. Dos ejemplos de esto son Coopdevs y Somos IT Cooperativo.

Hemos intercooperado con Coopdevs desde los inicios de Somos Conexión para diseñar procesos, construir nuestras herramientas tecnológicas y hacer red con otras cooperativas. La colaboración nos ha permitido desarrollar de forma conjunta las herramientas de gestión empresarial, análisis de datos y relación con nuestras usuarias.

Som IT Cooperatiu es una cooperativa de servicios de nueva creación en la que participamos Somos Conexión y Som Mobilitat. Nace con el propósito de poner la intercooperación en el centro de nuestras funciones de desarrollo tecnológico, de tal forma que podamos construir las herramientas que necesitamos de forma mancomunada, compartiendo recursos y conocimientos.

Pero a pesar de las formas que hemos encontrado, aún queda mucho por andar y tener un ecosistema que pueda funcionar sólo con software libre.

Seguimos caminando

Para Somos Conexión es muy importante poder tener y crear nuestras propias herramientas para funcionar. Porque no queremos depender de grandes plataformas que hacen negocio con nuestros datos y necesidades. Es importante tanto en la gestión interna de la cooperativa, como en lo que mostramos afuera.

Porque como dijo Audre Lorde, escritora afroamericana activista por los derechos civiles, «las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo».

Y de eso va la soberanía tecnológica. De encontrar las propias herramientas, y de desmontar las casas de los dueños de la tecnología: las grandes corporaciones.

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